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Valle del Loira (Francia)

En pleno corazón de Francia, se encuentra esta maravilla de región de casi 300 km de longitud declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO.
Lo primero que hay que tener en cuenta si se viaja a esta zona es hacer una buena planificación de lo que hay que ver, ya que se puede hacer realmente inabarcable. Castillos, ciudades, pueblos, rincones, paseos... Sin olvidar la preciada gastronia francesa y como no... El vino.
Con base en la pequeña localidad de Turquant, muy cerca de Saumur, hemos realizado numerosas excursiones, centrandonos casí exclusivamente en la franja que abarca desde allí hasta Blois, todo dentro del Parque natural regional de Loire-Anjou-Touraine.
En primer lugar, decir que el alojamiento rural en esta zona, es relativamente asequible (y con una oferta enorme), sobre todo si se viaja en grupo. Por 675 Euros, tuvimos una fantastica casa a la que no le faltaba prácticamente nada para 8 personas durante una semana.
Turquant Es una curiosa villa que destaca sobre todo por sus casa trogloditas, cuevas del terciario que han sido usadas como viviendas en la antiguedad. Hoy, son talleres artesanales y locales comerciales donde merece la pena tomarse una cerveza ecológica o comprar algún recuerdo de la zona (ojo, no dejan hacer fotos en los interiores de las cuevas)
Otra cosa a destacar de esta pequeña villa, son sus bodegas. Podemos encontrar en un paseo rápido, alrededor de 8 (atención, es un pueblo de no mas de 500 habitantes según el último censo). Es recomendable acercarse a alguna de ellas para realizar una cata (sin pasarse si tenéis que coger el coche).
Si tomais la opción de la casa rural, y necesitais comprar, teneis un Leclerc en la cercana localidad de Saumur (Si teneis idea de traer alcohol, sin duda, mejor traerlo desde España, aquí es extremadamente caro, salvo el vino, claro). Es recomendable un paseo por la ciudad, que sin ser nada del otro mundo, tiene el castillo, la iglesia de St.Jean y sobre todo la de notre dame de Nantilly (img) de estilo románico (SXIII) y gótico (SXV). Tiene unos espectaculares tapices del siglo XVI que solo exponen en fiestas (precisamente esa semana).
Junto al rio, se encuentra la iglesia de Notre dame des ardilliers, de espectacular fachada (solo pudimos verla por fuera).
La abadia Real de Fontevraud, en la cercana localidad de Fontevraud, es visita obligada independientemente del tipo de turismo que se busque. Este espectacular recinto de principios del siglo XII, fué regido, hasta su paso a manos del estado a mediados del XIX, por abadesas. Debe parte de su grandeza a la influencia de la dinastia de los Plantagenet. De hecho, entre sus muros, está enterrado Ricardo corazón de León. Merece la pena sus claustros, las cocinas románicas y los subterráneos entre otras muchas cosas.
De Montsoreau, destaca su imponente castillo del siglo XV, que no vimos por dentro. Llegados a este punto, conviene decir que para entrar a los castillos, hay que pagar de media unos 9 euros por barba, ademas de otros 4 o 5 euros por la audio-guia (recomendable), con lo que es importante saber seleccionar que castillos se ven por dentro y cuales por fuera si se anda justo de dinero. Volviendo al pueblo, merece la pena visitar el rastro de trastos antiguos que ponen el fin de semana. Es un agradable paseo a orillas del Loira.
Una vuelta por el pueblo, te hace entender porque ha sido declarado como uno de los pueblos más bellos de Francia.
Tras una pausa en nuestras visitas la segunda tarde (y es que ver a España ganar la copa del mundo de futbol, bien merecía esta parada) fuimos al castillo de Chenonceau (o chenonceaux), un edificio residencial del siglo XVI. Es una espectacular construcción con gran parte del recinto sobre las aguas del rio Cher. La mayor parte de su historia, ha pertenecido a la corona, pero las artífices de crearlo y reformarlo a su antojo, han sido siempre mujeres. Catherine Briçonnet, Diana de Poitiers, o Catalina de Medicis (que arrebató el castillo a su anterior dueña, Diana de poitiers, amante del rey Enrique II) . Todas ellas, han dejado huella de su paso quedando el conjunto como uno de los más espectaculares de Francia. Impresionante también los jardines, las cocinas con sus ingeniosos sistemas de enfriar o calentar y la sobrecogedora habitación de Luisa de Lorena-Vaudemont, toda pintada de negro (debido al duelo que mantenía por la muerte de su esposo).
Se puede comer en el restaurante exterior un menú sobre 10 euros. Buena comida, aunque no demasiado abundante. Tambien es curioso el laberinto que se encuentra a la entrada.
De la ciudad de Tours, de unos 300.000 habitantes y perteneciente a la región de Turena, es digno de verse especialmente el casco histórico (muy cómodo, dicho de sea de paso, ya que se encuentra todo en un radio relativamente reducido de espacio). La zona posee unos aparcamientos gratuitos en el rio, que facilitan mucho el acceso.

La catedral de Saint Gatien, datada de entre los siglos XII y XVI, es una joya del gótico, en especial su fachada, que recuerda en gran medida a la de la catedral de Colonia en Alemania (Aunque sin las apabullantes dimensiones de esta). Mención especial, merecen las ricas y numerosas vidrieras en el interior.
Por la animada Rue Colbert, se puede dar un paseo o parar a tomar algo en sus numerosos bares hasta llegar a le vieux Tours. A partir de aquí, nos adentramos en el espectacular barrio del Plumereau, con una singular arquitectura que conserva numerosas casas del siglo XV. Se puede disfrutar de conciertos en directo en la plaza principal mientras se toma una copa.
Si continuamos nuestro camino hacia el sur, llegamos a la basílica de San Martin, patrón de Francia y que da nombre a mas de 500 pueblos a lo largo y ancho del pais. Se trataba de uno de los mayores templos de peregrinación de la cristiandad (A ella acudían incluso los reyes). Podemos ver lo que queda de la antigua basílica, que es la torre del homenaje, y junto a esta, la torre del reloj. Formando un curioso triángulo, completa la figura la Basílica nueva. La basílica original, comenzó a construirse en el siglo V, y tras numerosas reformas, fué destruida durante la revolución francesa.
De vuelta a Turquant, damos un pequeño rodeo para visitar el castillo de Azay le rideau, que solo podemos ver por fuera.
En muchas noches de verano, tienen lugar representaciones teatrales en los patios del castillo.
Dedicamos el cuarto día en su mayor parte a visitar el castillo de Chambord, el más grande de todos los que hay en el Loira. Fué el pabellón de caza de Francisco I. Tiene una curiosa arquitectura renacentista, con algunos elementos medievales. Lo que más llama la atención es la parte superior. Una amalgama de techos y chimeneas que se puede visitar. Se cree que leonardo da Vinci estuvo implicado en su diseño. Lo que si se sabe seguro es que la escalera de doble hélice que domina el centro de todas las plantas es suya (no perdérsela, es espectacular)
Las estancias de Luis XIV, las de Francisco I, la capilla... Hay que tener en cuenta que si quiere verse bien, se necesita una mañana o una tarde completa, puesto que es enorme. Generalmente la última planta se utiliza para exposiciones de arte moderno. Es obligatorio subir a la azotea, tanto por las vistas de los espectaculares bosques que rodean el castillo, como por ver de cerca las mas de 350 chimeneas que tienes. El parking para coches es de pago (unos 3 euros día completo) y hay puestos para comida, refrescos , crepes y helados entre otras cosas (deliciosos por cierto).
Tras un bocata a la sombra de los árboles, nos acercamos a la cercana ciudad de Blois, donde el hecho de haber sido capital, ha dejado una huella inborrable.
Por problemas de horario, la visita a esta hermosa ciudad, fue más rápida de lo que hubieramos querido. Paseos exteriores por el castillo (una joya renacentista), la zona antigua, varias iglesias, (Sobre todo la se San Nicolas del siglo XII), jardines y el centro. Después espera una "agradable" cuesta para subir a la catedral (Con sorprendente parecido a la de Chartres) y la zona alta. Detras de esta, tenemos los jardines del obispado, desde los que se puede disfrutar de una bonita vista de la parte sur de la ciudad.
Un inconveniente más que tuvimos, fue que hicimos esta visita coincidiendo con el día de la fiesta nacional francesa (14 de Julio). Es algo a tener en cuenta, ya que esto hace que se colapsen las ciudades y encontremos muchas calles cortadas.
Aprovechamos la mañana del día 5 para visitar Chinon, uno de esos pueblos maravillosos de la ribera del río, con muchísima historia. El castillo y las zonas fortificadas (De la época romana) han soportado modificaciones de varios reyes (Ricardo corazón de León, Enrique II...) . También se gestaron aquí las hazañas de Juana de Arco... En fin, que toda esta historia queda reflejada en sus calles y monumentos.
Merece la pena pasear por la valle Voltaire, para admirar las casas de madera que contrastan con las de piedra renacentista, y hacer una parada en la plaza Charles De Gaulle, donde hay una espectacular chocolatería no apta para adictos.
La capilla de Sainte Regonde del siglo VI y sobre todo el Castillo... Lo cierto es que no pudimos ver todo lo que quisimos debido a una espectacular tormenta que se desató estando allí.
La "misión" de la tarde, era ir a comer a "La grange Dime", un restaurante que nos habían recomendado en la cercana localidad de Montreuil Bellay, pero finalmente el sitio estaba lleno y acabanos comiendo en otro restaurante cercano sin pena ni gloria. Eso si, aunque sea por fuera, el castillo de este pueblo, era imponente.

Y con esto creo que termino. Escribiendo en la distancia, seguro que hay muchos detalles que olvido de este viaje, pero seguro que las personas que estuvieron conmigo pueden añadir 1000 y un detalles que habré omitido por despiste.

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